T-MEC escuda a México de aranceles de Trump, pero ven inevitable su ‘cirugía’

Donald Trump reactivó su agenda proteccionista con una ofensiva arancelaria de alto impacto. Bajo el argumento de una “emergencia nacional” provocada por prácticas desleales en el comercio global, el presidente impuso un arancel base de 10% a todas las importaciones con efecto a partir del 5 de abril. Cuatro días después entrarán en vigor aranceles recíprocos más elevados dirigidos a casi todo el mundo, de entre 10% y 50%. La medida amenaza con desatar una nueva ola de tensiones; México y Canadá lograron sortear la medida con el respaldo del T-MEC.

Pero el tratado enfrenta su mayor prueba. Expertos consultados por Expansión anticipan una revisión profunda que lo transformaría por completo en los próximos meses, una especie de “cirugía mayor”. México conserva una posición privilegiada, pese a los aranceles de 25% que siguen vigentes para productos que no cumplen con las reglas del acuerdo. “México no recibe un trato preferente, pero sí diferente”, señala Verónica Ortiz, exdirectora del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi). “El T-MEC quizá esté en terapia intensiva, pero no ha muerto. Eso no garantiza que la revisión ocurra de forma automática”, añade. Pamela Starr, especialista en relaciones México–Estados Unidos, coincide en que la noticia representa un alivio para el país. Cerca de 50% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos mantienen acceso libre de aranceles. “Nada ha cambiado sustancialmente”, afirma. Además, se abre la posibilidad de que el 25% que ahora aplica a los productos que no entran a Estados Unidos bajo el T-MEC puedan convertirse en uno de 12%, si así lo decide el presidente republicano; aquí el punto clave será que México y Canadá convenzan a Trump de que están haciendo lo suficiente para detener y combatir el tráfico de fentanilo. Sin embargo, Starr advierte que México debe actuar con cautela. “Trump es impredecible. Su postura puede variar de un día a otro”. La incertidumbre sobre el futuro del tratado domina el análisis. Los expertos ven improbable una ruptura total, debido al alto grado de integración económica entre los tres países. Aun así, se prevé una renegociación impulsada por Washington en la que Trump querrá un nuevo acuerdo que beneficie más a Estados Unidos, incluso con otro nombre. Andrés Díaz Bedolla, CEO de Yumari y experto en comercio exterior, también proyecta una revisión punto por punto. “Será un documento desmenuzado y probablemente rebrandeado”, afirma. Cada sector recibirá un tratamiento distinto, en especial los considerados estratégicos: seguridad nacional, tecnología y automotriz. Díaz Bedolla considera urgente fortalecer las cadenas productivas nacionales para reducir la dependencia de insumos extranjeros, lo cual permitirá aprovechar a México su posición, por lo que debe enfocarse en atraer inversiones y presentar certidumbre jurídica y económica, en medio de la incertidumbre generada por Trump. Pau Messeguer Gally, director de Análisis Económico de Multiva, observa que los nuevos aranceles pueden redibujar el mapa del comercio global. México y Canadá, al quedar fuera del esquema recíproco, ganan relevancia por su cercanía geográfica y sus acuerdos con Estados Unidos. Ansley Consultores Internacionales resalta que es importante considerar los aranceles recíprocos impuestos a mercados específicos. Los aranceles impuestos a países que son competencia de México, como Vietnam que tiene un 46%. La decisión de Trump refuerza, al menos en el corto plazo, el atractivo de México como socio comercial. Sin embargo, los especialistas coinciden en que esta ventaja podría diluirse si otros países reaccionan con rapidez. Aunque debilitado, el T-MEC continúa siendo un escudo vital para la economía mexicana. En un contexto de bajo crecimiento —el último sondeo de Banxico proyecta apenas 0.5% para este año—, el reto inmediato será mantener vigente esa protección que dependerá de la habilidad del país para adaptarse a un socio que redefine las reglas mientras juega. “Estamos viendo la utilidad que tiene, no solo porque México se ha convertido en el principal proveedor y socio comercial de Estados Unidos, sino porque, efectivamente, nos está librando de una situación mucho más grave —una verdadera guerra comercial— con consecuencias arancelarias que serían profundamente perjudiciales para el país, especialmente en un momento en que la economía mexicana no muestra una base sólida”, dice Verónica Ortiz.

]]>

Dialoguemos sobre esta nota